Si alguien os dice que tiene miedo a volar en avión o a ir en barco, no le miraréis con ojos severos. Tal vez lo que supone emplear estos medios de transporte en lo que a estatus social se refiere, nos hace perdonar esa fobia.
Pero si yo os digo que lo que me da miedo es viajar por carreteras comarcales, a buen seguro me lanzaréis una mirada de incredulidad, e incluso pensaréis que estoy tarada. Pero es lo que me ocurre.
En que el coche pone las ruedas en una carreterucha de montaña, empiezo a no poder respirar, a sentirme encajonada entre árboles o paredes de piedra. Siento que la montaña a la que adoro y odio por igual, me engulle sin piedad. Tengo una sensación casi real de muerte, aunque por supuesto no haya ningún peligro. Mi vista se nubla, comienza un ligero mareo y un sudor frío me envuelve.
No sé si es claustrofobia, o si tiene otro nombre clínico, porque cuando el coche sale a la parte abierta de la montaña, puedo mirar el paisaje sin problemas, pero sigo teniendo la sensación de estar perdida en medio de la nada. Una nada que me agobia, que me ahoga, que me aisla del mundo en el que "soy". Es un estado absurdo en el que siento un miedo real a desaparecer por tal aislamiento, mientras la carretera parece ir menguando su anchura, y el tiempo se convierte en una eternidad angustiosa que me oculta el futuro próximo.
Si esta sensación se prolonga no puedo superar el viaje y debo volver a mi "mundo de espacio adecuado". Si dura poco, consigo vencer el pánico y llego al destino, como por ejemplo, cuando entro en un tunel, cojo el ascensor, o el metro en hora punta.
Nunca entendí los ataques de pánico porque siempre me tuve como una persona realista, fuerte y lógica. Ahora que he pasado por varios de baja intensidad, hasta el de ayer que fue insalvable, comprendo sus causas y detesto sus efectos. Por eso debo solucionarlo. Mi miedo a no sé qué exactamente tiene que desaparecer...
No soy de acero inoxidable. Qué desilusión para mi orgullo... Ser vulnerable me hace sentirme insignificante, dependiente y todo aquello que me horroriza. Mi absurdo pánico me hace sentirme así y esto debe acabar.
No estoy tarada, solo confundida y asustada por un espejismo.
Mi montaña es un lujo avasallador...